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martes, 13 de diciembre de 2016

Meditación. Consideraciones Finales


CONSIDERACIONES FINALES


Llegamos ya al final de esta serie de entradas del blog dedicadas a la meditación, y queremos hacerlo centrándonos en un par de aspectos que hasta ahora no hemos mencionado.

Al acabar nuestra meditación es muy recomendable hacer un nexo de unión entre nuestra práctica meditativa y nuestra vida diaria. Así podemos conseguir un mayor efecto de la meditación en el día a día y al mismo tiempo continuar alimentando nuestra transformación interior.
Si detenemos bruscamente nuestra meditación para volver a nuestras actividades cotidianas como si no hubiera ocurrido nada, nuestra práctica tendrá poco efecto sobre nuestra existencia, y los beneficios que pudiéramos obtener serían como un copo de nieve que se posa sobre las ascuas de un fuego.



Podemos asegurarnos la continuidad de los beneficios que obtenemos al meditar, si al finalizar hacemos una profunda inspiración, su energía positiva se perpetuará a imagen de un copo de nieve que cae y se disuelve en el mar, y que dura tanto como el propio mar.

Para ello podemos formular este deseo: “¡Que la energía positiva creada, no sólo con esta meditación, sino también con todas mis palabras, mis actos y mis pensamientos benévolos, pasados, presentes y futuros, pueda contribuir a aliviar el sufrimiento de todos los seres vivos!”

Con el corazón en la mano, deseemos que desaparezcan las guerras, las injusticias y todos los sufrimientos generados por la pobreza y las enfermedades.

Consideremos que esta dedicatoria de los beneficios de nuestros actos es entregar el conjunto de ellos a todos y cada uno de los seres vivos, y no dividir los beneficios de forma que cada uno reciba sólo una pequeña parte.

Deseemos también que todos los seres encuentren la felicidad, “¡Que puedan eliminar de sus espíritus la codicia, el odio, la ignorancia y cualquier otra perturbación que tengan, y que puedan así lograr la plenitud de las cualidades humanas y el Despertar de la Conciencia!”.

Una dedicatoria como esta es un sello benéfico a toda práctica espiritual, y posibilita que la energía generada en nuestra meditación se perpetúe.


La meditación es un proceso de crecimiento y transformación, y para que sea así debe reflejarse en nuestra forma de ser, en nuestras acciones y actitudes. Es por tanto necesario insistir con sinceridad y entusiasmo, y también con vigilancia verificando a lo largo de los días que, en efecto, vamos avanzando correctamente en nuestro propio camino de evolución personal.

Algunos Maestros afirman que todas las actividades de su vida son una meditación. Para nosotros como principiantes, tal vez esto sea excesivo. La vorágine del día a día nos permite pocos momentos apropiados para adquirir la fuerza y estabilidad necesarias para practicar repetidamente la meditación.

Por esto mismo es sumamente importante dedicar tiempo a la meditación propiamente dicha, aunque solamente sean diez minutos al día. Si lo hacemos, especialmente si es al levantarnos por la mañana, los efectos de la meditación nos acompañarán suavemente a lo largo de la jornada, modificando sutilmente nuestras actitudes y la forma en que realizamos nuestras actividades diarias y en cómo nos relacionamos con nuestro prójimo.

Fortalecidos por la meditación, durante el resto del día tendremos la posibilidad de volver mentalmente atrás a la experiencia de la meditación realizada cuyos efectos todavía estarán vivos en nuestro espíritu. De esta forma, al tener algún momento de descanso, será relativamente sencillo (y más aún cuanto más practiquemos) volver a ese estado que se nos irá haciendo más y más familiar, y mantener la continuidad de sus efectos beneficiosos.
Es por tanto posible y a la vez necesario, compatibilizar la meditación con la vida activa, tanto laboral como familiar.

Los efectos beneficiosos de la meditación nos permitirán valorar los acontecimientos desde una perspectiva más amplia, viviéndolos con más serenidad, que como ya hemos dicho no equivale a indiferencia; aceptar lo que ocurre, pero sin resignación, y construir nuestro futuro apoyándonos en los cimientos de la motivación altruista y benévola.

Poco a poco según progresemos en el entrenamiento del espíritu, podremos ir transmutando y mejorando nuestra forma de ser. Obtendremos una mejor comprensión de la realidad, lo cuál traerá implícito que los cambios drásticos, o incluso brutales, lleguen a dañarnos menos; y también que los éxitos superficiales y mundanos no nos “hinchen el orgullo”.


Estas señales tan sencillas serán los mejores indicadores de nuestra transformación personal, la cuál nos permitirá vivir en este mundo de forma sana a la vez que ayudamos a la creación de una sociedad más justa y altruista.

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