Cursos On-Line de La Brújula Ancestral:

martes, 6 de diciembre de 2016

Maestro Hilarion: Libre Albedrío y Leyes Divinas

EL LIBRE ALBEDRÍO Y LAS LEYES DIVINAS.


Mensaje canalizado del Amado Maestro Ascendido Hilarión, Maestro asociado al Rayo Verde de la Sanación.


Maestro Hilarión
Maestro Hilarión



Analizando en forma panorámica las necesidades de los seres humanos a niveles psicológicos, podríamos observar dos aspectos, uno individual y otro colectivo.
A nivel individual, cada persona busca obtener el mayor número de satisfacciones de las relaciones que mantiene con el resto de los seres humanos.
A nivel colectivo, podemos hablar que existe la inclinación natural por ley divina, de alcanzar un estado de equilibrio armónico entre todos los integrantes de una comunidad ecológica.

Las leyes divinas generan el equilibrio.

Así pues, siendo que las leyes divinas regulan el comportamiento de todos los seres vivos, debemos entender que todo lo que ocurre dentro del ecosistema del que estemos hablando, buscará siempre establecer el equilibrio entre sus diferentes integrantes; esto es importante porque tiene como implicaciones las siguientes:
En el estado natural de las cosas nada se destruye a sí mismo, todo se autorregula, se autocontrola y busca un estado de equilibrio armónico entre sus partes.

El libre albedrío.

Por otra parte, el libre albedrío humano que tantas veces ha sido mal interpretado, debemos entenderlo como una prerrogativa del hombre para poder autodirigir sus acciones, hasta un cierto punto que no obligue a las leyes divinas que buscan el equilibrio entre todos los integrantes, a actuar. Cuando esto ocurre, significa que el ser humano ha roto el equilibrio mediante el uso de su libre albedrío y la naturaleza empieza a actuar en consecuencia para restablecerlo, esto incluso, a pesar de la voluntad del hombre.

Podríamos decir que el ser humano usa su libre albedrío sin tener en cuenta las implicaciones de su conducta, esto lo puede llegar a hacer hasta un punto en donde obliga a otras leyes superiores a actuar y entonces el mismo debe buscar una readaptación de sus intereses en favor de la colectividad.

A nivel psicológico, los seres humanos pasan por las mismas lecciones, cada individuo busca ejercer su voluntad dentro de las relaciones que tiene con otras personas, muchas veces buscando un provecho egoísta; esto lo podrá hacer hasta en tanto su egoísmo no ocasione una respuesta violenta de parte del resto de las personas, cuando esto ocurre, significa que el equilibrio se ha roto y empieza una fuerza, una lucha de fuerzas, en donde necesariamente la colectividad predominara sobre los intereses de un individuo, en este caso, el libre albedrío de esta persona deberá someterse a la voluntad de la sociedad. De esto igualmente podemos definir, o podemos concluir un principio fundamental en las relaciones humanas.

Principio fundamental en las relaciones humanas.

“Las libertades de una persona deben ser ejercidas teniendo en cuenta el respeto por las libertades de los demás”.

La conducta de un ser humano debe ser observada en función de las conductas de sus congéneres; las relaciones humanas son un conglomerado de estímulos y respuestas, derivados de los continuos roces que como individuos pertenecientes a una sociedad tiene, cada acción de parte de alguien provoca una reacción de parte de otros, y así hasta el infinito. En esta continua interacción, existen ciertas reglas que deben ser observadas.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Reiki y Dinero

¿HAY QUE PAGAR DINERO POR RECIBIR O APRENDER REIKI?


Hoy vamos a hablar de un tema un tanto controvertido. El dinero que se cobra por un tratamiento de Reiki o por aprenderlo.


Antecedentes históricos 

Mikao Usui
Mikao Usui


En otra entrada del blog ya describimos cómo el doctor Mikao Usui empezó a tratar con la energía Reiki a los más pobres de entre los pobres en el barrio de los mendigos de Kioto. Curó con el Reiki a muchas personas que vivían allí. Sus tratamientos les ayudaron a cambiar su vida, a encontrar trabajo y a reintegrarse en la sociedad.

Pero para su tristeza, un tiempo después, algunos volvieron al barrio y adoptaron otra vez sus viejas costumbres autodestructivas. La causa de la enfermedad no había variado.
Por sí mismos no eran capaces de continuar los tratamientos de Reiki, por lo que no podían cambiar su estado anímico-mental de forma duradera y profunda, lo que les llevaba a no aceptar una mayor responsabilidad sobre su vida.

El Dr. Usui les había regalado el Reiki sin pedir nada a cambio, y eso había favorecido una forma de pensar “pobre” entre esas personas, y les había impedido desarrollar su propia autoestima y la responsabilidad hacia sí mismos. No habían aprendido a sentirse agradecidos.

El doctor Usui llegó a una conclusión de su experiencia en el barrio de los mendigos. El Reiki es eficaz a largo plazo, actúa en profundidad y en todo su significado cuando se sigue el principio de intercambio entre quien da la energía y quien la recibe, bien porque se den tratamientos de forma recíproca, bien porque quien recibe aporta una cantidad de energía adecuada en forma de trabajo, dinero o contravalor comparable.

Hasta aquel momento tan sólo el doctor Mikao Usui podía efectuar tratamientos de Reiki porque era la única persona que había recibido la iniciación para transmitir esta energía sanadora. Había llegado el momento de transmitir los conocimientos adquiridos. Y también aquí debía prevalecer el principio de intercambio.

El continuador de la línea de Maestros Reiki, el doctor Chujiro Hayashi admitía alumnos en su escuela a cambio de que trabajaran gratis en la misma. Su recompensa por el trabajo era el aprender Reiki y recibir las iniciaciones, cuando estuvieran preparados para recibirlas, independientemente del tiempo que hubiera pasado.

Chujiro Hayashi
Chujiro Hayashi


Tiempo más tarde Hawaya Takata actualizó a sus circunstancias temporales las indicaciones del Dr. Usui sobre este tema. Nos legó lo siguiente:
“Un alumno deberá dar como intercambio de energía, para la iniciación en el Nivel 1 de Reiki, su salario de un fin de semana; para la iniciación en el Nivel II, el sueldo de un mes; y para la formación de Maestro, el sueldo de un año”.
La señora Takata jamás aplicó Reiki gratis a nadie, ni siquiera a sus propios familiares porque entendió correctamente el principio del intercambio.

Hawayo Takata
Hawayo Takata


Con el tiempo estas guías directrices se fueron modificando y los precios se fueron reduciendo. En la segunda parte de la década de 1990 (época de recuperación de la crisis económica de 1992), en los países occidentales los importes se habían reducido “significativamente”. 
Hemos encontrado una información de una escuela de Reiki en la República Federal de Alemania en la que manejaban estos precios: Para el Nivel 1, el equivalente a 180 euros; para el Nivel 2, 600 euros; y para la Maestría, 10.200 euros.

La idea era crear un obstáculo mental para comprobar que el alumno estuviera dispuesto a profundizar en su propia responsabilidad y en su proceso personal de sanación y de crecimiento interno. A pesar de esos precios, se estima que en esa época en Alemania había más de 500.000 personas practicando Reiki en todos los niveles.

Hoy en día los precios son mucho más económicos. Por ejemplo, en La Brújula Ancestral pedimos únicamente 60 euros por la formación en el Primer Nivel de Reiki Usui Tradicional.

Como norma general sólo damos valor a aquello que nos cuesta un esfuerzo o un sacrificio. En estos tiempos, es difícil poder realizar un intercambio a base de cortar el césped de tu maestro o pintarle la casa. Lo más usual es utilizar el medio de intercambio por antonomasia en el mundo moderno, el dinero.

Aún así siempre habrá gente que creerá que debe ser gratis, la sociedad actual nos ha conducido a esto, y como todos nosotros formamos parte de la sociedad, todos nosotros tenemos nuestra propia parte de responsabilidad en ello.

Pero si el creador del sistema de sanación con el Reiki, el doctor Mikao Usui, estipuló que debe haber un intercambio, ¿quién somos nosotros para llevarle la contraria al Maestro que nos ha enseñado el camino?



martes, 8 de noviembre de 2016

Bajar la Fiebre con Reiki


Ahora que en el hemisferio norte estamos empezando con los fríos invernales, aunque aún estemos en otoño, tal vez sea un buen momento para dar esta información de cara a los resfriados, constipados, gripes y demás molestos acompañantes que el invierno nos suele regalar.

¿CÓMO BAJAR LA FIEBRE CON REIKI?

Uno de los síntomas más habituales de la gripe es la fiebre. Usualmente nos recetan productos químicos para bajarla, pero tenemos a nuestro alcance métodos más naturales y sanos para el organismo.

En Reiki existe una técnica para bajar la fiebre cuyo nombre en japonés es Genetsu-Ho. Además de bajar la fiebre también reduce el calor general del cuerpo, y también lo podemos utilizar para tratar a personas presas de un gran nerviosismo. Puede ser utilizado tanto en uno mismo, como en otra persona.

Bajar la fiebre con Reiki. Genetsu Ho.


Para aplicar  esta  técnica  sigue   los  siguientes pasos:

-    Sentado, a un lado de la cabeza del paciente (el cual debe estar acostado boca arriba), respira con naturalidad por la nariz, con el vientre (respiración diafragmática), y centra tu atención en el Tanden o Hara (centro energético que hay debajo del  ombligo y hacia dentro).

-    Cuando sientas tu mente aquietada haz una reverencia gassho rei (inclina la cabeza hacia delante con las palmas de las manos juntas ante el pecho  como muestra de respeto y gratitud).

-    Como en todos los ejercicios y técnicas de Reiki, nos conectamos a Reiki con la fórmula “Reiki Ayimé” (“Empiezo Reiki”).

-    En posición gassho sé consciente de que estás respirando naturalmente, sin esfuerzo, y pide por el  bienestar general del paciente.

-    Ahora coloca tu mano dominante sobre la frente del paciente y la otra mano  sobre tu regazo.

-    Al cabo de un rato utiliza la Verboterapia Libre, háblale al cuerpo del paciente, dile mentalmente que su cuerpo está sano y fuerte, y que su mente está en calma. Dile mentalmente 3 veces seguidas: (Nombre del  paciente) es la  expresión serena de la paz.  Permanece en esa posición durante 20 minutos.

-    A continuación coloca tus manos sobre sus sienes, en su zona occipital (en la parte posterior de la  cabeza) y en los laterales del cuello. 3 minutos en cada zona.

-    Y para acabar coloca  la  mano dominante sobre su bajo vientre (justo debajo del ombligo) y la otra mano (si es posible) en la zona lumbar (al nivel  del ombligo). Mantén las manos en esas zonas durante 15 minutos.

-    Como siempre, nos desconectamos de Reiki con la fórmula “Reiki Yamé” (“He terminado Reiki”).

-    Cuando acabes, haz una reverencia gassho rei.


Como siempre decimos, los tiempos son orientativos. Son las sensaciones de nuestras manos las que nos dirán cuándo debemos cambiar de posición según la cantidad de energía que estemos canalizando hacia el paciente.


MUCOSIDAD

Otro síntoma muy relacionado con los catarros y resfriados es el exceso de mucosidad. Generalmente las personas que usan gafas son las primeras en darse cuenta de la acumulación de mocos en las fosas nasales porque “de repente” las gafas les aprietan, les hacen daño, o “no les entran”.

Al realizar la técnica anteriormente descrita (Genetsu-Ho), aplicamos Reiki sobre la frente y de esta manera cubrimos los senos y fosas nasales. Esto no va a hacer que los mocos desaparezcan mágicamente, pero sí que puede ayudar a fluidificarlos de forma natural y sin medicamentos químicos. Esto permite una mejor expulsión.

Si los mocos se encuentran localizados en los pulmones, entonces además de los pasos descritos anteriormente, realizaremos unas posiciones extra colocando las manos sobre la caja torácica para hacer llegar la Energía Sanadora Reiki a toda su extensión. Si el paciente es una mujer, las manos se colocan a unos centímetros del cuerpo, sin tocarlo, y siempre se la avisa por anticipado que vamos a colocar las manos en la zona de sus pechos para que no se asuste, ni se lleve una impresión equivocada.


Notas importantes:

1.- Para realizar esta técnica de Reiki es necesario haber recibido al menos la sintonización del Nivel I de Reiki (Shoden).

2.- La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa, y no sustituye a ningún tratamiento ni consejo médico. Si usted decide utilizar personalmente esta información, ya sea total o parcialmente, está en su derecho de hacerlo, pero los autores no pueden asumir responsabilidad alguna por sus actos.


3.- La fiebre es el síntoma de la respuesta de nuestro cuerpo a una infección, por lo que los autores recomiendan la visita al médico, que es quien debe estudiar y diagnosticar qué está ocurriendo. Si es una infección grave y necesita un tratamiento con antibióticos, Reiki puede ayudar a reducir los efectos secundarios de los mismo, pero nos los sustituye.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Mikao Usui


HISTORIA NOVELADA DEL DESCUBRIMIENTO DE REIKI

Hay momentos que cambian la vida de las personas, y casi nunca somos conscientes de cuando ocurre.

MIkao Usui. Descubridor de Reiki
Mikao Usui


        A finales del siglo XIX el doctor Mikao Usui era profesor en un seminario cristiano de Kioto. Un día uno de sus alumnos le preguntó:

- Doctor Usui usted nos ha enseñado las historias de la Biblia, los preceptos cristianos, no ha preparado para enfrentarnos al mundo y para predicar. Pero nunca nos ha enseñado cómo curar a los ciegos o a los lisiados como lo hizo Jesucristo. ¿Por qué? ¿Podría enseñarnos algún pasaje de la Biblia donde podamos aprender esto?

         El Dr. Usui, obligado por el código de honor japonés, le contestó:

- No puedo enseñarte cómo curar las enfermedades, pues ni siquiera yo sé hacerlo.
Conozco la Biblia, pero no sé de ningún lugar en el que se describa cómo curaba Cristo. Pero tu pregunta es muy buena y merece una respuesta. Voy a investigar sobre esto y a buscar esa respuesta.

         Y ése fue el momento que cambió su vida embarcándose en un viaje que le llevaría diez años de su vida y con el que acabaría poniendo las bases del Reiki tal y como hoy le entendemos.

Entonces el Dr. Usui empezó su investigación en la biblioteca del seminario donde impartía clases. Pasó muchas horas leyendo los libros que pensaba que podían darle la respuesta para su alumno. A la postre, después de pasar días sentado en aquellas duras sillas de biblioteca y de haberse dejado los ojos de tanto leer, adoptó aquella pregunta como suya propia y se propuso ampliar su investigación hasta encontrar la respuesta a cómo curaba Jesús.

         Según una versión de la historia, habló con otro maestro del seminario de Kioto sobre la pregunta de su alumno y de la frustración que le causaba no encontrar fuentes de información. Su amigo le sugirió viajar a Estados Unidos, el cristianismo llegó a Japón desde allí, para investigar en las bibliotecas de aquél país. Usui pensó que era una excelente idea y fue a Chicago.

Estudio en la universidad de esa ciudad durante varios años con los mejores maestros de religión, pasó muchas horas en la biblioteca estudiando el origen del cristianismo y aprendió muchas cosas, pero no encontró la respuesta.
        
         Un día le confió a un amigo su tremenda tristeza y él le dio una curiosa respuesta: “El budismo es más antiguo que el cristianismo. (Siddhata Gautama, Buda, vivió del 620 al 543 a.C.) Tal vez la práctica de la curación haya sido enseñada en algún momento de su historia. Si así fue, tal vez encuentres la respuesta investigando en los templos budistas de tu país”.

         El Dr. Usui analizó esta idea. Tras muchos años de estudio en Estados Unidos, aunque había aprendido mucho, no estaba más cerca de encontrar la respuesta que cuando su propio alumno le hizo la pregunta. Sus esfuerzos no habían dado resultado. Era hora de volver a casa.
        
Otra versión sostiene que Usui no estuvo en los Estados Unidos y que todo eso fue añadido posteriormente para dar más credibilidad al Reiki en el mundo occidental y así poder ser aceptado más fácilmente.

         Siguiendo la pista de las sanaciones de Buda, Usui viajó a la India y a Tíbet donde continuó con su búsqueda en monasterios budistas. Estudio los sutras indios, chinos y tibetanos. Los monjes le dijeron que el hombre tuvo la facultad de sanar el cuerpo en épocas pasadas, pero que ese conocimiento se había perdido porque en los monasterios se habían orientado sólo hacia la sanación espiritual, dejando de lado el cuerpo físico.

         Posteriormente volvió a Kioto y retomó la búsqueda. En esa ciudad nipona había diecisiete templos budistas y los visitó uno por uno haciendo siempre la misma pregunta:

- ¿Enseñáis vosotros a curar de la misma forma como lo hacían Buda y Cristo?
         En el último templo al que fue uno de los monjes con los que habló le dio una respuesta diferente a la de los demás:

- No, ya no.

         ¿Qué significaba eso?

- ¿Dices que ya no enseñáis a curar? ¿Quiere eso decir que en el pasado sí lo hacíais?

         El monje respondió:

- Sí, alguna vez lo hicimos, pero ya no, hemos perdido ese conocimiento.
        
         Muchos años habían pasado desde que el Dr. Usui comenzara su búsqueda y nadie le había dado nunca la más mínima pista. Y ahora, de pronto, tenía frente a él una ligera esperanza. “Si alguna vez esa curación fue posible, puede serlo de nuevo”, pensó. Solicitó entrar en dicho monasterio y pidió permiso para estudiar los libros y pergaminos de la biblioteca.

Los monjes le dieron la bienvenida invitándolo a unirse a la comunidad y estudiar cuanto quisiera.

         Inmediatamente Usui se fue a vivir al monasterio y su vida fue la de un monje más. El tiempo que no estaba en la biblioteca, lo pasaba meditando, rezando y ayunando. Pasaron los años, leyó todos los libros que estaban en japonés y en inglés, pero no podía entender los que estaban escritos en sánscrito. Finalmente decidió aprender ese idioma para poder terminar su investigación.

         Pronto empezó a entender palabras sueltas, luego frases y oraciones. Paulatinamente los pergaminos empezaron a revelar sus secretos. Mucho le resultaba conocido por haberlo leído en japonés o en inglés. Un día se topó con un pergamino que describía un proceso de curación que no se parecía en nada a cuanto había encontrado hasta ese momento.

Escritos en sánscrito, en tinta ya borrosa y sobre un pergamino excesivamente frágil, ciertos pasajes describían cómo llamar a Dios, la fuerza vital universal, para curar a través de las manos humanas. Estos rituales utilizaban símbolos, hermosos, simples y primitivos, parecidos a los que los hombres habían pintado en las paredes de las cuevas milenios antes, otros eran más modernos, elegantes y complejos, derivados del chino y del japonés, que tal vez fueran registrados por el último monje budista que aprendió de un maestro los secretos de este método de curación.

         El Dr. Usui se dio cuenta de lo que había descubierto, la respuesta a la pregunta, el método de curación que utilizó Jesucristo para curar a los ciegos y sanar a los enfermos, el mismo método que Buda ya había utilizado anteriormente para curar, y tal vez también otros maestros cuyos nombres no llegaron a la posteridad.

Era una enseñanza sagrada de gran importancia e inmenso valor para el mundo. ¿Debía entregársele al mundo “civilizado” este conocimiento al mismo tiempo que ese mundo estaba olvidando los valores espirituales? ¿Acaso esa enseñanza había sido olvidada porque el mundo ya no la merecía y debía permanecer en la oscuridad en la repisa de la biblioteca de un monasterio?

Usui sabía que hay un tiempo para cada cosa, si había descubierto esos pergaminos perdidos, tal vez se debiera a que había llegado el momento para que el mundo fuese curado. Pero Usui no se sintió capacitado para tomar una decisión tan importante él solo.

         Fue a pedir ayuda al abad del monasterio y le explicó lo que había encontrado. El abad se mostró complacido con el descubrimiento, pero compartió con Usui sus dudas sobre si había que revelarlo al mundo. Necesitaban la ayuda divina. Ambos decidieron meditar, ayunar y rezar esa noche y volver a encontrarse a la mañana siguiente.

         Se reunieron al amanecer. El abad le sugirió a Usui que realizara una peregrinación a la montaña sagrada, el monte Kurama, que meditara, ayunara y rezara durante veinte días pidiendo a Dios una visión. Sólo mediante esa visión, tendría Usui la certeza de si debía revelar o no el conocimiento recién descubierto.
Aquella misma mañana Usui se marchó a la montaña dejando indicado a un muchacho que atendía el monasterio. “Voy al monte Kurama a meditar, ayunar y rezar durante veinte días. Si por la noche del día veintiuno no he vuelto, di a alguien que vaya a buscar mis huesos, pues seguramente estaré muerto”.

El niño asintió con la cabeza, y el doctor empezó su camino, tras largo tiempo llegó al pie de la montaña y empezó a subir. Tras largos esfuerzos llegó a la cima.

         Busco 21 piedras y las amontonó junto a él. Se sentó en el suelo duro y frío y comenzó su meditación, ayuno y oraciones. Día tras día permaneció sentado y sin moverse, excepto para separar una piedra del montón cada mañana. Así llevaba la cuenta de los días que le quedaban por estar ahí.

Llegó un momento en el que sólo le quedaban unas pocas piedras. Débil por el hambre y entumecido por la falta de movimiento al pasar tanto tiempo sentado en la misma posición, incluso las pequeñas piedras le parecían pesadas. Dudó de que tuviera una visión. Pensó que seguramente iba a morir.

         Finalmente, justo antes del amanecer del día veintiuno quitó la última piedra, su mano temblaba por el esfuerzo. No había tenido ninguna visión, y se preguntaba si podría ser capaz de hacer el viaje de vuelta al monasterio. Intentó enfocar su mirada hacia el horizonte cuando el sol empezaba a levantarse. El primer rayo de sol le golpeó como una luz dorada. El golpe fue tan fuerte que cayó de espaldas y sus ojos quedaron cegados por la luz, pero incluso con los ojos cerrados podía seguir viéndola.

         Demasiado débil para moverse y sin poder protegerse de la luz, se rindió ante su poder… y entonces le llegó la visión. Comenzó a ver una intensa luz brillante flotando hacia él, hecha de centenares de burbujas de luz, de la misma forma que un río está hecho de millones de gotas de agua. Cada una de las burbujas de luz tenía los colores del arco iris y todas resplandecían con su iridiscencia.
Se dirigieron hacia él, y en cada de ellas pudo leer lo que estaba escrito en los pergaminos en sánscrito. Y vio los símbolos de Reiki en ellas. Al comprender lo que estaba viendo, las burbujas se volvieron de nuevo de un color dorado brillante y después blanco, para finalmente estallar vertiendo su energía en él. Una y otra vez las burbujas fluían hacia él, hasta que el flujo disminuyó y luego suavemente cesó.

Con cada símbolo recibió la información sobre la forma de usarlos para activar la Energía Universal sanadora. Así tuvo lugar la primera sintonización Reiki, que fue la de Mikao Usui, al que de esta manera le fueron revelados los métodos de esta técnica ancestral.

         El Dr. Usui abrió los ojos y vio el brillante sol del mediodía. Se levantó del suelo lleno de fuerza y felicidad. Había sido bendecido con una visión, y se sentía fuerte y revitalizado. Éste fue la primera curación, para algunos milagro, atribuida al Reiki, se sintió de pronto bien y su debilidad desapareció, después de haber estado veintiún días en ayuno y meditación. El Dr. Usui había alcanzado el estado de Satori.

         Ansioso por compartir la experiencia de su visión y comenzar a trabajar en la enseñanza de este antiguo método de curación, bajó corriendo de la montaña, algo nada aconsejable. Al cabo de unos minutos se hirió un dedo del pie con una piedra del camino arrancándose de paso la uña del mismo, lo que hizo que brotara sangre.

Hizo lo mismo que cualquier otra persona haría, cogerse el dedo herido con la mano. Pronto se dio cuenta de que el dolor estaba remitiendo, un momento después había desaparecido y la sangre había dejado de brotar. El dedo estaba curado. Éste es la segunda curación atribuida al Reiki.

         Continuó bajando de la montaña, ahora ya con más precauciones. Al cabo de un rato de ejercicio, su cuerpo empezó a pedir alimento después de tanto tiempo de ayuno forzado, y decidió buscar un sitio donde poder comer. Miró alrededor y vio un banco con un trapo rojo, lo cual es una señal de hospitalidad para los viajeros en Japón, así que decidió sentarse y esperar.
Al poco tiempo apareció una niña preguntándole si tenía hambre. Era bonita, pero tenía cara hinchada y deformada, envuelta en un pañuelo.

El Dr. Usui le dijo:

- Me haría muy feliz un poco de comida, pero primero dime, ¿por qué llevas ese pañuelo en la cara? ¿Estás bien?

- Me duelen mucho las muelas. Kioto está muy lejos y mi padre no puede pagar un dentista.

- ¿Puedo ver dónde te duele? ¿Puedo tocar?

La niña señaló la zona donde se localizaba el dolor. El Dr. Usui amablemente puso su mano sobre ese punto.

Al cabo de un momento la niña dijo:

- Su mano está muy caliente, señor - y cerró los ojos disfrutando de la suave sensación que le proporcionaba aquel calor radiante. De pronto los volvió a abrir sorprendida. ¡El dolor había desaparecido!

El Dr. Usui sonrió y retiró su mano lentamente.

-¡Mi dolor de muelas ha desaparecido, esto tiene que saberlo mi padre, venga conmigo, buen monje, venga!

         El alivio del dolor de muelas de esta niña es la tercera curación atribuida al Reiki. La cuarta curación sucedió cuando el Dr. Usui se sentó a comer con aquella gente y le sirvieron una comida picante y especiada. Después de un ayuno prolongado el cuerpo humano no está preparado para ingerir grandes cantidades de comida, y desde luego menos aún picantes y especias. Sin embargo, el Dr. Usui pudo comerla sin problemas y se sintió fuerte. No se había debilitado en absoluto.

         Después de comer se despidió de la niña y de su padre y continuó su largo viaje de regreso al monasterio en Kioto. Se sentía lleno de salud, y empezó a pensar cómo podía llevar esa saludable energía a todas las personas. ¿Debía vagabundear confiando en que sus pasos serían guiados hacia quienes más necesitaran de esta energía? ¿O debía establecer en un lugar fijo y esperar a que la gente fuera a él?

         Cuando finalmente llegó al monasterio estaba ansioso por hablar con su abad, contarle su visión y pedirle consejo. Vio al muchacho que atendía el monasterio y le dijo: “no hay necesidad de que mandes a nadie a por mis huesos, estoy bien”. El niño se fue corriendo a dar la noticia. Un monje salió del monasterio para darle la bienvenida. Usui le agradeció sus palabras y le preguntó si podía ver al abad. El monje le respondió que el abad estaba indispuesto; en ese momento estaba con los pies en agua caliente intentando aliviar los dolores de la artritis.

         El Dr. Usui pidió que lo llevaran con él. Una vez en el cuartito de la parte trasera del monasterio donde estaba el abad, el doctor se inclinó para saludarlo y se sentó a su lado. Le pidió permiso para poner las manos sobre sus doloridos pies y hablarle.

La energía curativa funcionó suavemente mientras ellos hablaban. Se pasaron horas conversando y reflexionando sobre la responsabilidad encomendada.

Finalmente, el abad le dio las gracias por haberlo curado y le sugirió que pasaran la noche rezando y meditando. A la mañana siguiente continuarían su conversación.

         Y así fue como a la postre, decidieron que el Dr. Usui comenzaría a dar al mundo la energía del Reiki en una zona de Kioto que parecía necesitar de mucha curación: la ciudad de los mendigos. La ciudad de los mendigos de Kioto era como una zona de la ciudad de Nueva York gobernada por la mafia. Todo el que trabajaba en esa área era obligado a pagarle “protección” al rey de los mendigos. Viniendo de un monasterio, Usui no tenía una idea muy clara de dónde se iba a meter.

         Tan pronto como entró en la ciudad de los mendigos, fue abordado por dos de ellos.

- Danos el dinero -dijo uno.
- Danos tu ropa -dijo el otro.
- No tengo nada que daros, y no tengo más ropa que la que llevo puesta. No tengo nada para vosotros. - Los mendigos fruncieron el ceño y uno de ellos se abalanzó sobre él.- Pero traigo un regalo para el rey de los mendigos-dijo el Dr. Usui.
- ¿Qué regalo? ¡Dánoslo a nosotros!
- No, sólo se lo puedo dar a él. Estoy seguro de que le gustará y, tal vez, incluso os recompense por llevarme ante él.

Los dos mendigos lo discutieron entre ellos durante un momento y finalmente decidieron llevar a Usui hasta el rey de los mendigos. Cuando por fin llegaron a su presencia le quitaron la venda que le habían puesto en los ojos.

- Entiendo que traes algo para mí -dijo el rey de los mendigos.
- Traigo un regalo para ti y para todos los mendigos: el poder de la curación.
- ¿Cómo? ¡Ése no es el tipo de regalo que yo esperaba! ¿Para qué nos sirve eso a mí o a los mendigos?
- Es un regalo que te dará sentirte fuerte y bien.

         El rey pensó que nunca hubiera llegado a ser rey de los mendigos sin contar con salud y ser lo suficientemente astuto.

- No le veo ninguna utilidad para mí, pero tal vez a los mendigos les guste; puedes trabajar en la ciudad de los mendigos bajo mi protección.
- Gracias -repuso Usui.
- Pero no debes andar así vestido. –replicó el rey- Si vas a vivir entre los mendigos, debes vestir como un mendigo.
- Me vestiré como mendigo, pero no voy a mendigar. Mi trabajo es curar. ¿Me darás tú de comer?

         El rey se mesó la barba y repuso:
- Podrás quedarte con las sobras de mi mesa. Eso te bastará.
- Entonces voy a comenzar con mi trabajo –dijo el Dr. Usui.

         Y así fue cómo empezó a dar tratamiento a los mendigos. Día tras día anduvo entre ellos ofreciendo curación allí donde hubiera dolor. Todos los mendigos que tocaba sintieron el poder de aquella energía de sanación. Pronto fueron muchos los que lo buscaban cada día. Y así los días se convirtieron en semanas, y éstas en años. Los mendigos comenzaron a sentirse bien y algunos de ellos incluso abandonaron la ciudad de los mendigos, aunque la población de la ciudad nunca bajaba porque siempre llegaban mendigos nuevos.

         Un día fue a ver a Usui un mendigo cuyo rostro le parecía conocido, por lo que le preguntó mientras ponía sus manos sobre los sucios harapos:

- ¿Nos conocemos ya?
- Oh, sí, Dr. Usui, claro que me conoce. Yo soy uno de los primeros mendigos que usted curó.
- ¿Por qué has vuelto aquí? –le preguntó Usui-. Te curé para que te pudieras marchar de la ciudad de los mendigos e iniciaras una nueva vida. ¿Lo hiciste?
- Sí, lo hice –respondió el mendigo-, pero tener que trabajar todo el día para poder vivir y llegar a casa cansado por la noche y tener que ponerme entonces a prepararme la comida y así un día tras otro es muy pesado. Eso no es para mí. Es mucho más fácil ser mendigo.

         El Dr. Usui levantó entonces las manos y se alejó del mendigo. Se sintió muy triste y desilusionado. Al analizar las razones de este desinterés en volver a integrarse en la sociedad, comprendió que solamente había curado el cuerpo físico, pero no la parte espiritual, ya que no había conseguido enseñarles la gratitud y el sentido de responsabilidad de su propia existencia.

De esta manera Usui tomó conciencia de la importancia del intercambio de energía y llegó a la conclusión de que todo acto recibido exige una contrapartida del receptor que otorgue valor a lo recibido.

Nunca más ofrecería la energía curativa de forma gratuita. Todo aquél que la recibiera debería valorarla. Decidió dejar de trabajar en la ciudad de los mendigos.

         Y se alejó del sorprendido mendigo y de todos los demás mendigos que lo miraban boquiabiertos y abandonó la ciudad de los mendigos para nunca más volver a ella. Luego se dirigió al centro de Kioto y se detuvo en una esquina, manteniendo alzada una enorme antorcha, cuya silueta se dibujaba contra el cielo del mediodía. Y gritando se dirigió a la multitud que pasaba:

- ¡Quien quiera ser curado y sentirse bien, y esté dispuesto a pagar por ello, que venga a mí!

         Estaba dispuesto a curar a todo aquél que valorara la curación que recibía. Aunque parecía un loco, con su flamante antorcha sostenido en lo alto como para tocar el sol, la gente escuchó su mensaje y fue a él. Mucha gente fue a él y todos fueron curados y se sintieron contentos de pagarle por su trabajo y lo valoraron, agradecidos de poder seguir con sus vidas sin dolores.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Los Ángeles según el Maestro El Morya

LA HUESTE ANGÉLICA, POR EL MAESTRO ASCENDIDO EL MORYA

Maestro El Morya


¡La Hueste Angélica es un real gozo para Mi porque su Naturaleza es la obediencia amorosa a Dios y a sus mensajeros, en todo momento! Entre los ángeles nunca hay argumentos de “razón” y “lógica” para causar vacilación y retraso en Su servicio. Así tanta energía es economizada y utilizada para el desarrollo y cumplimiento del plan divino en cada esfera en la cual ellos sirven.
Los Ángeles saben que la Voluntad de Dios es el bien y se apresuran a llevar las “buenas nuevas” a dondequiera que sean enviados a servir. Este es un gran contraste (y muy grato, por cierto) con respecto al a veces mal dispuesto servicio de la humanidad, cuyas energías son frecuentemente agotadas considerando los “pros” y los “contras” de cada sugerencia hecha por los Grandes Seres, hasta que el momento cósmico del cumplimiento pasa de largo y el servicio que pudo haber sido realizado se deja sin hacer. ¡Dios bendiga a los ángeles! ¡Yo los amo, a cada uno!

La obediencia a Dios, el creador de todo bien, es la naturaleza de la hueste angélica. La absoluta fe en el completo poder de Dios para hacer los así llamados “milagros”, es el sentimiento en ellos. Por respeto al libre albedrío elegido por los individuos encarnados sobre la Tierra, los atraen sólo aquellos que pueden creer en ellos.  Su innata cortesía no les permite actuar en los mundos de aquellos que los rechazan. Así, un aumento de la conciencia de Su presencia y una demanda siempre en expansión de Su asistencia, es un imán muy poderoso que los atrae cerca de la gente de la Tierra, y particularmente, a ésos que desean tener un contacto consciente con su radiante presencia.

Entre sus muchas y diversas ocupaciones, es sabio para el estudiante desarrollar en la conciencia de aquellos que llegan dentro del alcance de su esfera personal de influencia, un conocimiento consciente de estos invisibles (para el ser humano) pero poderosos ayudantes. Esto puede ser hecho más eficazmente cuando el propio estudiante ha en sus propios sentimientos la existencia y presencia aquí de los ángeles.

El desarrollo de tal convicción de la presencia y realidad de la hueste angélica puede ser activado individualmente en los sentimientos de los estudiantes sinceros, pensando en la hueste angélica, invitándoles a ayudarles, contemplando sus retratos, y generalmente, impregnando conscientemente la conciencia externa con las palabras, instrucción y radiación de los ángeles.

Cuando el estudiante se ha probado a sí mismo, sin ninguna duda, que la hueste angélica es real, entonces el aura de ese estudiante forma una positiva presión de convicción de la presencia de los ángeles, dentro de los mundos de aquéllos que él contacta de vez en cuando. Cuando un estudiante está dudoso en cuanto a la realidad de la hueste angélica, todos sus esfuerzos para convencer a otros de menor Luz de la realidad de los ángeles, tendrán poco efecto sobre las conciencias de aquéllos que son escépticos e incrédulos.

La humanidad en masa es influida mayormente por los sentimientos de los que están a su alrededor. Por lo tanto, Nosotros te pedimos hacer de la hueste angélica tus compañeros diarios, y así, a través de los sentimientos de tu realidad, harás mucho para ayudar al restablecimiento de la asociación espiritual entre la hueste angélica y la humanidad. ¡Prueba! No a través del esfuerzo de la voluntad humana, sino por el muy grato ejercicio de practicar, mediante tus propios pensamientos y sentimientos, para lograr la aceptación de esos seres angélicos; de manera que puedan venir dentro de tu aura, hogar, familia, mundo, negocios, trabajo y asuntos.


Así sirves al Maestro Ascendido Saint Germain, cuya misión es la unión de los reinos de los ángeles y de los hombres en esta Nueva Edad Dorada que Él está destinado a exteriorizar.

Extracto del libro "Zafiros", por el Amado Maestro Ascendido El Morya.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Decálogo de Kwan Yin para ser Feliz

DECALOGO DE KWAN YIN PARA SER FELIZ

Discurso de la Amada Maestra Ascendida Kwan Yin, Madre de la Sanación, la Misericordia y la Compasión.

Decálogo para la Felicidad de Kwan Yin
Kwan Yin vista por el artista Zeng Hao



El poder de la mente del hombre
La mente del hombre tiene una gran influencia sobre los estados de ánimo del ser; la mente ha acumulado a lo largo de su vida tantas experiencias, tantos recuerdos, que en realidad, los patrones de conducta de una persona no son sino el resultado de las distintas asociaciones que hace el ser humano en su mente, provocadas por las experiencias por las que está pasando; pero también, en la mente del hombre, reside el secreto de la felicidad.

La felicidad sólo puede experimentarse en el presente, ya que tanto el pasado como el futuro, no son sino intentos de fugarse de una realidad insatisfactoria para el ser. Cuando la mente recurre a experiencias pasadas, el hombre vive en un tiempo irreal, se encuentra desconectado de lo que su cuerpo experimenta y decimos que no hay integración. Para disfrutar la felicidad se requiere estar integrado, totalmente integrado, emociones y experiencias sensoriales deben estar disfrutando el presente. La felicidad que se alcanza saboreando un hecho pasado o fabricando un acontecimiento futuro, no es una felicidad real debido a que no existe la integración del ser; es preciso que el ser humano aprenda a disfrutar su presente, manteniendo su mente, sus emociones y su percepción de la vida, totalmente integradas en la experiencia de ese momento.

Sin embargo, es tan fuerte la tendencia del hombre a perderse en laberintos mentales olvidándose de lo que la vida le da en cada instante, que es preciso dar algunas técnicas que le permitan regresar a su estado ideal del presente. Podríamos entonces hablar de un decálogo de principios, diez claves que puedan dar al hombre las suficientes bases mentales que le permitan afianzarse fuertemente en su presente y aprender a disfrutarlo, diez claves que deben ser universales, ajenas a principios nacionalistas o religiosos.

Decálogo
Empecemos pues, a diseñar estas primeras diez fórmulas, que le permitan al hombre recordar, en todo momento, que su felicidad está al alcance de su mano, en este preciso instante y en todo momento. Podemos enunciar este decálogo de la siguiente manera:

l.- Nadie va a darme la felicidad, sólo yo puedo conseguirla.
En este primer pensamiento, el ser humano toma la responsabilidad de su vida e inicia una búsqueda y un esfuerzo por encontrar eso que tanto busca.

2.- Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo.
En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.

3.- Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana.
Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro mejor.

4.- Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida.
Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene a su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

5.- Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento.
Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante.

6.- Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas.
Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.

7.- En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás.
O lo que es lo mismo, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad posible de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.

8.- Mi cara es el reflejo de mi estado interior.
Dicho con otras palabras, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.

9.- Soy un hombre al servicio de la humanidad.
Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para la gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella si no lo hacemos de forma correcta.

10.- Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás.
Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.

¿Qué hay más allá de estas claves, qué podríamos decir además de lo mencionado de cada una de ellas? Detrás de estos principios, se encuentra un camino que permitirá a todos los seres humanos, mantener siempre en su mente, las claves que les permitan alcanzar una vida llena de paz y de armonía espiritual.

Tres caminos
El sendero de la felicidad es tan amplio, que toda la humanidad cabría en él, si tan sólo supiera mantenerse en el presente. El pasado, el presente y el futuro, se asemejan a tres caminos que flotan en el espacio. El sendero de en medio es el presente, es un sendero firme, quieto, no se mueve, es el ser humano el que camina sobre él, es el ser humano el que avanza.

El sendero de la izquierda es el sendero del futuro, el de los sueños y las fantasías, el de las angustias y de los temores; ese sendero arranca al hombre del presente y lo lleva vertiginosamente hacia el futuro, ahí el hombre no camina, es el sendero el que se mueve, pero tan sólo se mueve un espacio y después da vuelta sobre sí mismo, dejando caer a la persona nuevamente sobre el sendero quieto del presente, el camino vuela, pero siempre regresa al mismo punto, dejando al ser humano con la sensación de no haberse movido ni un centímetro del lugar en que se encontraba.

El sendero de la derecha, es un sendero que se mueve igualmente, pero hacia atrás, arranca al hombre de su presente y lo lleva sumergiéndolo en tinieblas, presentándole imágenes fantasmagóricas, alguna agradables y otras llenas de crueldad y de dolor; ese camino igualmente se mueve, aunque más lento, y en donde las escenas se vuelven, o más dolorosas, o más agradables; parece como si el sendero se detuviera, permanece unos instantes quieto mientras las imágenes embelesan a la persona, y, repentinamente, el suelo que pisamos se desvanece, las imágenes desaparecen y la persona regresa estrepitosamente al sendero original del presente.
Sólo el camino del centro, aquél que está quieto, es el único seguro, el único firme, y en él, el hombre puede caminar y sentir realmente que está avanzando. Detrás de esta alegoría se encuentran muchas claves para meditar en el futuro y en el pasado, y aprender a valorar el presente.
Dejo aquí mis palabras y os lleno a todos con el amor que necesitáis para aprender a caminar eternamente en el presente.

Kwan Yin