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jueves, 12 de enero de 2017

Integrar la Felicidad

INTEGRACION PERSONAL DE LA FELICIDAD
POR KWAN YIN


Ser feliz representa el acto supremo de comunión entre el ser y la vida que lo rodea; ser feliz es integrarse internamente con su mente, sus emociones y sus sentidos, y a la vez, fundirse con todas aquellas cosas que lo rodean. Cuando la mente y las emociones están atentas a los mensajes del mundo físico existe integración; cuando el ser humano desfasa sus pensamientos mandándolos hacia un pasado o hacia un futuro hipotético, decimos que el ser humano está desintegrado.

Felicidad - Kwan Yin


Integración consciente.

En la práctica diaria de ser feliz, es preciso abocarnos a la tarea de la integración, pero consciente, hay múltiples trabajos en los que el ser humano se encuentra, mental, emocional y físicamente, unido, integrado, dedicado a la ejecución de una determinada acción o tarea; sin embargo, todo esto se hace de una manera inconsciente, automatizada, perdiendo el sentido de lo que es estar vivo y estar disfrutando de la existencia física. Cuando el ser humano pueda trabajar normalmente, pero a la vez, estando consciente de su responsabilidad de ser feliz, en ese momento tendremos una mutación, un cambio en la naturaleza interna del ser, en los procesos mentales, en la calidad de las emociones, e incluso, en la percepción física de lo que lo rodea.

La disciplina de la integración.

La disciplina de la integración implica que el ser humano debe permanecer con su atención mental y emocional puesta en aquello que su cuerpo físico está realizando; si esto se logra hacer disciplinadamente, al menos treinta minutos al día, estaremos cultivando a un nuevo ser, que vendrá a la manifestación, en el momento que la integración sea lo suficientemente completa como para establecer el contacto directo con el ser interior. En otras palabras, experimentando la integración en el presente, el ser pone en marcha un proceso de expansión continua de conciencia que lo llevará de una manera automática y rápida, a establecer un antakarama, es decir, su contacto con la mente superior, con el ser superior, con su Dios interno.

El primer principio: Nadie puede darme la felicidad, sólo yo debo conseguirla.

La mutación, aunque no puede ser explicada, en principio, debe representar el despertar hacia una nueva vida, el despertar hacia una nueva realidad, el abandono de los moldes y viejas ideas, y el descubrimiento de nuevos conceptos y emociones que enriquecerán, notablemente, la vida del ser, por eso es que decimos en nuestro primer postulado: Nadie puede darme la felicidad, sólo yo debo conseguirla. ¿Dónde reside el valor de esta afirmación? Más allá de nuestra pueril significación de lo que es felicidad, tenemos que encontrar el verdadero sentido de la palabra; la Felicidad es un estado de conciencia, no es un goce pasajero, ni es un estado armónico transitorio, no debe estar asociado a ciertas causas externas, porque entonces deberíamos llamarlo de otra forma, pero no felicidad.

La gran diferencia entre la felicidad que proviene de la integración en el presente y la felicidad que se logra mediante el haber alcanzado ciertos objetivos, o el haber sucedido ciertas cosas, reside en la permanencia de la primera y en la temporalidad de la segunda, es decir, el ser humano, en el primer caso, alcanza la Felicidad como un estado normal del ser y empieza a vivir en él; en el segundo caso, la felicidad sigue dependiendo de que las condiciones externas se mantengan y no cambien.

La Felicidad es inenarrable.

Si observan, la felicidad a la que he venido refiriéndome no es conceptual, es una experiencia real, vivida, experimentada únicamente por el ser, e imposible de ser transmitida a otras personas por ninguna vía; la felicidad es algo personal, es algo que sólo el ser comprenderá una vez que la haya experimentado, y, cuando esto suceda, la descripción que podría hacer de ella a otras personas, resultará tan vacía, que en definitiva no podrá ser descrita ni imaginada por los demás.
Haciendo una recapitulación de lo dicho hasta ahora, podríamos afirmar, que los diez principios tienen su razón de ser, en el hecho de que la felicidad es un logro personal y que únicamente será alcanzado cuando el ser humano realice una transformación en sus procesos mentales, en sus actitudes hacia su vida externa y descubra el maravilloso mundo del presente; estamos hablando entonces, de una nueva forma de pensar, de sentir y de vivir la vida.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Reiki contra las intoxicaciones

¿Puede ayudarte el Reiki contra una intoxicación? La respuesta es SÍ y en este artículo vamos a explicártelo con dos técnicas japonesas de sanación Reiki especialmente dirigidas a tratar las intoxicaciones.


TANDEN CHIRYO-HO (DESINTOXICACIÓN TANDEN)


Esta técnica también se denomina Hara Chiryo-ho.

Los terapeutas de Reiki Usui Ancestral realizan esta técnica japonesa para eliminar toxinas y para limpiar la mente de pensamientos perturbadores.

Esta  técnica se  puede  utilizar por sí sola o bien se puede incorporar en un tratamiento general de Reiki.


Para  aplicar esta técnica de desintoxicación sigue  los siguientes pasos:

•       Sentado,  a  un lado de la cabeza del paciente (el cual debe estar acostado boca arriba), respira con naturalidad por la nariz, con el vientre (respiración diafragmática), y centra tu atención en el Tanden (centro energético que hay debajo del ombligo y hacia dentro). Cuando sientas tu mente aquietada haz una reverencia gassho rei  (inclina la cabeza hacia delante con las palmas de las manos juntas ante el pecho  como muestra de respeto y gratitud).

•       Como en todos los ejercicios y técnicas de Reiki, nos conectamos a Reiki con la fórmula “Reiki Ayimé” (empiezo Reiki).

•       En la posición gassho sé consciente de que estás respirando naturalmente,  sin esfuerzo, y  pide por el bienestar general del paciente.

•       Ahora coloca tu mano dominante sobre la frente del paciente y la otra mano  sobre su Tanden  (debajo del ombligo).

•       Al cabo de un rato utiliza la Verboterapia Libre, háblale al cuerpo del paciente, dile mentalmente que su cuerpo está sano y fuerte, y que su mente es pura. Dile mentalmente 3 veces seguidas: (Nombre del paciente) es la pureza de cuerpo y mente.

•       Permanece en la posición de manos indicada, poniendo atención al flujo de la energía. Al cabo de un rato sentirás la misma sensación en ambas manos, esto indicará que la energía Reiki se ha equilibrado.

•       Lentamente levanta la mano dominante de la frente del paciente y colócala sobre la mano izquierda (la que está debajo del ombligo). Ahora las dos manos están sobre el Tanden.

Tanden Chiryo-Ho (Desintoxación Tanden)


•       Permanece así durante 20 minutos.

•      Como siempre, nos desconectamos de Reiki con la fórmula “Reiki Yamé” (He terminado Reiki).

•       Cuando acabes, haz una reverencia gassho rei.



GEDOKU CHIRYO HO


Reiki Heiwa to Ai® aplica esta técnica a pacientes con intoxicación alimentaria o medicamentosa, así como a pacientes con intoxicación emocional.

Esta técnica también es útil para tratar algunas enfermedades de la piel.

Si con una sesión no surge efecto, repetiremos 2 veces más, pero no hay que abusar.

Esta técnica puede ser aplicada sobre uno mismo o sobre los demás. Gedoku-Chiryo-ho utiliza la Verboterapia® y dos posiciones magistrales (frente-Tanden y Tanden-espalda lumbar).

Se prescribe un tiempo concreto, pero para saber el tiempo idóneo, déjate llevar por la intuición y por las sensaciones en tus manos.


Para aplicar esta técnica sigue los siguientes pasos:
  • Sentado (aunque también puedes estar de pie) respira con naturalidad por la nariz, con el vientre (respiración diafragmática), y centra tu atención en el Tanden (debajo del ombligo). Cuando sientas tu mente aquietada haz una reverencia Gassho rei como muestra de respeto y gratitud. En la posición Gassho pide por el bienestar general del paciente. 

  • Como en todos los ejercicios y técnicas de Reiki, nos conectamos a Reiki con la fórmula “Reiki Ayimé” (empiezo Reiki). 

  • Con el paciente sentado sobre una silla, sitúate detrás, y coloca tus manos sobre su cabeza. 

  • Usa el símbolo de Reiki que creas oportuno. 

  • Ahora coloca una mano sobre su frente y la otra sobre su Tanden. 

  • Aplica la Verboterapia®. Mentalmente envía el siguiente mensaje al paciente: “La Energía Reiki expulsa suavemente las toxinas de tu cuerpo”. 

  • Colócate a la izquierda del paciente y ubica tu mano izquierda sobre su Tanden, y tu mano derecha en su espalda lumbar, al mismo nivel que la otra. 

  • Permanece así, entre 10 y 30 minutos, y de vez en cuando aplica la Verboterapia®.
  • Como siempre, nos desconectamos de Reiki con la fórmula “Reiki Yamé” (He terminado Reiki).

  •  Cuando acabes, haz una reverencia Gassho rei.



Notas finales: Hay varios tipos de intoxicaciones según el agente patógeno, y no hay que confundirlas ni con infecciones, ni con alergias.
Frente a cualquier síntoma de intoxicación o si crees que accidentalmente puedes haberte intoxicado, desde La Brújula Ancestral te recomendamos encarecidamente que acudas al servicio de Urgencias de tu ciudad. Ellos seguirán el protocolo pertinente, seguramente un lavado de estómago.
Pero igualmente el aplicar las técnicas de Reiki aquí descritas a la salida del hospital es beneficioso y ayuda a una recuperación y restablecimiento total.
Recordamos que el Reiki es una terapia complementaria, no sustitutiva de la medicina tradicional occidental. Pero si practicamos Reiki de forma diaria, la posible necesidad de acudir al médico tradicional se reduce enormemente.

Las técnicas japonesas descritas en el presente artículo por sí mismas no sirven de nada. Tienen que ser realizadas por un Terapeuta/Maestro de Reiki debidamente sintonizado. Hace falta un nivel mínimo de Reiki II (2º Nivel de Reiki o Chuden) para poder realizar sobre un paciente o sobre uno mismo las técnicas aquí descritas.

martes, 13 de diciembre de 2016

Meditación. Consideraciones Finales


CONSIDERACIONES FINALES


Llegamos ya al final de esta serie de entradas del blog dedicadas a la meditación, y queremos hacerlo centrándonos en un par de aspectos que hasta ahora no hemos mencionado.

Al acabar nuestra meditación es muy recomendable hacer un nexo de unión entre nuestra práctica meditativa y nuestra vida diaria. Así podemos conseguir un mayor efecto de la meditación en el día a día y al mismo tiempo continuar alimentando nuestra transformación interior.
Si detenemos bruscamente nuestra meditación para volver a nuestras actividades cotidianas como si no hubiera ocurrido nada, nuestra práctica tendrá poco efecto sobre nuestra existencia, y los beneficios que pudiéramos obtener serían como un copo de nieve que se posa sobre las ascuas de un fuego.



Podemos asegurarnos la continuidad de los beneficios que obtenemos al meditar, si al finalizar hacemos una profunda inspiración, su energía positiva se perpetuará a imagen de un copo de nieve que cae y se disuelve en el mar, y que dura tanto como el propio mar.

Para ello podemos formular este deseo: “¡Que la energía positiva creada, no sólo con esta meditación, sino también con todas mis palabras, mis actos y mis pensamientos benévolos, pasados, presentes y futuros, pueda contribuir a aliviar el sufrimiento de todos los seres vivos!”

Con el corazón en la mano, deseemos que desaparezcan las guerras, las injusticias y todos los sufrimientos generados por la pobreza y las enfermedades.

Consideremos que esta dedicatoria de los beneficios de nuestros actos es entregar el conjunto de ellos a todos y cada uno de los seres vivos, y no dividir los beneficios de forma que cada uno reciba sólo una pequeña parte.

Deseemos también que todos los seres encuentren la felicidad, “¡Que puedan eliminar de sus espíritus la codicia, el odio, la ignorancia y cualquier otra perturbación que tengan, y que puedan así lograr la plenitud de las cualidades humanas y el Despertar de la Conciencia!”.

Una dedicatoria como esta es un sello benéfico a toda práctica espiritual, y posibilita que la energía generada en nuestra meditación se perpetúe.


La meditación es un proceso de crecimiento y transformación, y para que sea así debe reflejarse en nuestra forma de ser, en nuestras acciones y actitudes. Es por tanto necesario insistir con sinceridad y entusiasmo, y también con vigilancia verificando a lo largo de los días que, en efecto, vamos avanzando correctamente en nuestro propio camino de evolución personal.

Algunos Maestros afirman que todas las actividades de su vida son una meditación. Para nosotros como principiantes, tal vez esto sea excesivo. La vorágine del día a día nos permite pocos momentos apropiados para adquirir la fuerza y estabilidad necesarias para practicar repetidamente la meditación.

Por esto mismo es sumamente importante dedicar tiempo a la meditación propiamente dicha, aunque solamente sean diez minutos al día. Si lo hacemos, especialmente si es al levantarnos por la mañana, los efectos de la meditación nos acompañarán suavemente a lo largo de la jornada, modificando sutilmente nuestras actitudes y la forma en que realizamos nuestras actividades diarias y en cómo nos relacionamos con nuestro prójimo.

Fortalecidos por la meditación, durante el resto del día tendremos la posibilidad de volver mentalmente atrás a la experiencia de la meditación realizada cuyos efectos todavía estarán vivos en nuestro espíritu. De esta forma, al tener algún momento de descanso, será relativamente sencillo (y más aún cuanto más practiquemos) volver a ese estado que se nos irá haciendo más y más familiar, y mantener la continuidad de sus efectos beneficiosos.
Es por tanto posible y a la vez necesario, compatibilizar la meditación con la vida activa, tanto laboral como familiar.

Los efectos beneficiosos de la meditación nos permitirán valorar los acontecimientos desde una perspectiva más amplia, viviéndolos con más serenidad, que como ya hemos dicho no equivale a indiferencia; aceptar lo que ocurre, pero sin resignación, y construir nuestro futuro apoyándonos en los cimientos de la motivación altruista y benévola.

Poco a poco según progresemos en el entrenamiento del espíritu, podremos ir transmutando y mejorando nuestra forma de ser. Obtendremos una mejor comprensión de la realidad, lo cuál traerá implícito que los cambios drásticos, o incluso brutales, lleguen a dañarnos menos; y también que los éxitos superficiales y mundanos no nos “hinchen el orgullo”.


Estas señales tan sencillas serán los mejores indicadores de nuestra transformación personal, la cuál nos permitirá vivir en este mundo de forma sana a la vez que ayudamos a la creación de una sociedad más justa y altruista.

martes, 6 de diciembre de 2016

Maestro Hilarion: Libre Albedrío y Leyes Divinas

EL LIBRE ALBEDRÍO Y LAS LEYES DIVINAS.


Mensaje canalizado del Amado Maestro Ascendido Hilarión, Maestro asociado al Rayo Verde de la Sanación.


Maestro Hilarión
Maestro Hilarión



Analizando en forma panorámica las necesidades de los seres humanos a niveles psicológicos, podríamos observar dos aspectos, uno individual y otro colectivo.
A nivel individual, cada persona busca obtener el mayor número de satisfacciones de las relaciones que mantiene con el resto de los seres humanos.
A nivel colectivo, podemos hablar que existe la inclinación natural por ley divina, de alcanzar un estado de equilibrio armónico entre todos los integrantes de una comunidad ecológica.

Las leyes divinas generan el equilibrio.

Así pues, siendo que las leyes divinas regulan el comportamiento de todos los seres vivos, debemos entender que todo lo que ocurre dentro del ecosistema del que estemos hablando, buscará siempre establecer el equilibrio entre sus diferentes integrantes; esto es importante porque tiene como implicaciones las siguientes:
En el estado natural de las cosas nada se destruye a sí mismo, todo se autorregula, se autocontrola y busca un estado de equilibrio armónico entre sus partes.

El libre albedrío.

Por otra parte, el libre albedrío humano que tantas veces ha sido mal interpretado, debemos entenderlo como una prerrogativa del hombre para poder autodirigir sus acciones, hasta un cierto punto que no obligue a las leyes divinas que buscan el equilibrio entre todos los integrantes, a actuar. Cuando esto ocurre, significa que el ser humano ha roto el equilibrio mediante el uso de su libre albedrío y la naturaleza empieza a actuar en consecuencia para restablecerlo, esto incluso, a pesar de la voluntad del hombre.

Podríamos decir que el ser humano usa su libre albedrío sin tener en cuenta las implicaciones de su conducta, esto lo puede llegar a hacer hasta un punto en donde obliga a otras leyes superiores a actuar y entonces el mismo debe buscar una readaptación de sus intereses en favor de la colectividad.

A nivel psicológico, los seres humanos pasan por las mismas lecciones, cada individuo busca ejercer su voluntad dentro de las relaciones que tiene con otras personas, muchas veces buscando un provecho egoísta; esto lo podrá hacer hasta en tanto su egoísmo no ocasione una respuesta violenta de parte del resto de las personas, cuando esto ocurre, significa que el equilibrio se ha roto y empieza una fuerza, una lucha de fuerzas, en donde necesariamente la colectividad predominara sobre los intereses de un individuo, en este caso, el libre albedrío de esta persona deberá someterse a la voluntad de la sociedad. De esto igualmente podemos definir, o podemos concluir un principio fundamental en las relaciones humanas.

Principio fundamental en las relaciones humanas.

“Las libertades de una persona deben ser ejercidas teniendo en cuenta el respeto por las libertades de los demás”.

La conducta de un ser humano debe ser observada en función de las conductas de sus congéneres; las relaciones humanas son un conglomerado de estímulos y respuestas, derivados de los continuos roces que como individuos pertenecientes a una sociedad tiene, cada acción de parte de alguien provoca una reacción de parte de otros, y así hasta el infinito. En esta continua interacción, existen ciertas reglas que deben ser observadas.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Reiki y Dinero

¿HAY QUE PAGAR DINERO POR RECIBIR O APRENDER REIKI?


Hoy vamos a hablar de un tema un tanto controvertido. El dinero que se cobra por un tratamiento de Reiki o por aprenderlo.


Antecedentes históricos 

Mikao Usui
Mikao Usui


En otra entrada del blog ya describimos cómo el doctor Mikao Usui empezó a tratar con la energía Reiki a los más pobres de entre los pobres en el barrio de los mendigos de Kioto. Curó con el Reiki a muchas personas que vivían allí. Sus tratamientos les ayudaron a cambiar su vida, a encontrar trabajo y a reintegrarse en la sociedad.

Pero para su tristeza, un tiempo después, algunos volvieron al barrio y adoptaron otra vez sus viejas costumbres autodestructivas. La causa de la enfermedad no había variado.
Por sí mismos no eran capaces de continuar los tratamientos de Reiki, por lo que no podían cambiar su estado anímico-mental de forma duradera y profunda, lo que les llevaba a no aceptar una mayor responsabilidad sobre su vida.

El Dr. Usui les había regalado el Reiki sin pedir nada a cambio, y eso había favorecido una forma de pensar “pobre” entre esas personas, y les había impedido desarrollar su propia autoestima y la responsabilidad hacia sí mismos. No habían aprendido a sentirse agradecidos.

El doctor Usui llegó a una conclusión de su experiencia en el barrio de los mendigos. El Reiki es eficaz a largo plazo, actúa en profundidad y en todo su significado cuando se sigue el principio de intercambio entre quien da la energía y quien la recibe, bien porque se den tratamientos de forma recíproca, bien porque quien recibe aporta una cantidad de energía adecuada en forma de trabajo, dinero o contravalor comparable.

Hasta aquel momento tan sólo el doctor Mikao Usui podía efectuar tratamientos de Reiki porque era la única persona que había recibido la iniciación para transmitir esta energía sanadora. Había llegado el momento de transmitir los conocimientos adquiridos. Y también aquí debía prevalecer el principio de intercambio.

El continuador de la línea de Maestros Reiki, el doctor Chujiro Hayashi admitía alumnos en su escuela a cambio de que trabajaran gratis en la misma. Su recompensa por el trabajo era el aprender Reiki y recibir las iniciaciones, cuando estuvieran preparados para recibirlas, independientemente del tiempo que hubiera pasado.

Chujiro Hayashi
Chujiro Hayashi


Tiempo más tarde Hawaya Takata actualizó a sus circunstancias temporales las indicaciones del Dr. Usui sobre este tema. Nos legó lo siguiente:
“Un alumno deberá dar como intercambio de energía, para la iniciación en el Nivel 1 de Reiki, su salario de un fin de semana; para la iniciación en el Nivel II, el sueldo de un mes; y para la formación de Maestro, el sueldo de un año”.
La señora Takata jamás aplicó Reiki gratis a nadie, ni siquiera a sus propios familiares porque entendió correctamente el principio del intercambio.

Hawayo Takata
Hawayo Takata


Con el tiempo estas guías directrices se fueron modificando y los precios se fueron reduciendo. En la segunda parte de la década de 1990 (época de recuperación de la crisis económica de 1992), en los países occidentales los importes se habían reducido “significativamente”. 
Hemos encontrado una información de una escuela de Reiki en la República Federal de Alemania en la que manejaban estos precios: Para el Nivel 1, el equivalente a 180 euros; para el Nivel 2, 600 euros; y para la Maestría, 10.200 euros.

La idea era crear un obstáculo mental para comprobar que el alumno estuviera dispuesto a profundizar en su propia responsabilidad y en su proceso personal de sanación y de crecimiento interno. A pesar de esos precios, se estima que en esa época en Alemania había más de 500.000 personas practicando Reiki en todos los niveles.

Hoy en día los precios son mucho más económicos. Por ejemplo, en La Brújula Ancestral pedimos únicamente 60 euros por la formación en el Primer Nivel de Reiki Usui Tradicional.

Como norma general sólo damos valor a aquello que nos cuesta un esfuerzo o un sacrificio. En estos tiempos, es difícil poder realizar un intercambio a base de cortar el césped de tu maestro o pintarle la casa. Lo más usual es utilizar el medio de intercambio por antonomasia en el mundo moderno, el dinero.

Aún así siempre habrá gente que creerá que debe ser gratis, la sociedad actual nos ha conducido a esto, y como todos nosotros formamos parte de la sociedad, todos nosotros tenemos nuestra propia parte de responsabilidad en ello.

Pero si el creador del sistema de sanación con el Reiki, el doctor Mikao Usui, estipuló que debe haber un intercambio, ¿quién somos nosotros para llevarle la contraria al Maestro que nos ha enseñado el camino?



martes, 8 de noviembre de 2016

Bajar la Fiebre con Reiki


Ahora que en el hemisferio norte estamos empezando con los fríos invernales, aunque aún estemos en otoño, tal vez sea un buen momento para dar esta información de cara a los resfriados, constipados, gripes y demás molestos acompañantes que el invierno nos suele regalar.

¿CÓMO BAJAR LA FIEBRE CON REIKI?

Uno de los síntomas más habituales de la gripe es la fiebre. Usualmente nos recetan productos químicos para bajarla, pero tenemos a nuestro alcance métodos más naturales y sanos para el organismo.

En Reiki existe una técnica para bajar la fiebre cuyo nombre en japonés es Genetsu-Ho. Además de bajar la fiebre también reduce el calor general del cuerpo, y también lo podemos utilizar para tratar a personas presas de un gran nerviosismo. Puede ser utilizado tanto en uno mismo, como en otra persona.

Bajar la fiebre con Reiki. Genetsu Ho.


Para aplicar  esta  técnica  sigue   los  siguientes pasos:

-    Sentado, a un lado de la cabeza del paciente (el cual debe estar acostado boca arriba), respira con naturalidad por la nariz, con el vientre (respiración diafragmática), y centra tu atención en el Tanden o Hara (centro energético que hay debajo del  ombligo y hacia dentro).

-    Cuando sientas tu mente aquietada haz una reverencia gassho rei (inclina la cabeza hacia delante con las palmas de las manos juntas ante el pecho  como muestra de respeto y gratitud).

-    Como en todos los ejercicios y técnicas de Reiki, nos conectamos a Reiki con la fórmula “Reiki Ayimé” (“Empiezo Reiki”).

-    En posición gassho sé consciente de que estás respirando naturalmente, sin esfuerzo, y pide por el  bienestar general del paciente.

-    Ahora coloca tu mano dominante sobre la frente del paciente y la otra mano  sobre tu regazo.

-    Al cabo de un rato utiliza la Verboterapia Libre, háblale al cuerpo del paciente, dile mentalmente que su cuerpo está sano y fuerte, y que su mente está en calma. Dile mentalmente 3 veces seguidas: (Nombre del  paciente) es la  expresión serena de la paz.  Permanece en esa posición durante 20 minutos.

-    A continuación coloca tus manos sobre sus sienes, en su zona occipital (en la parte posterior de la  cabeza) y en los laterales del cuello. 3 minutos en cada zona.

-    Y para acabar coloca  la  mano dominante sobre su bajo vientre (justo debajo del ombligo) y la otra mano (si es posible) en la zona lumbar (al nivel  del ombligo). Mantén las manos en esas zonas durante 15 minutos.

-    Como siempre, nos desconectamos de Reiki con la fórmula “Reiki Yamé” (“He terminado Reiki”).

-    Cuando acabes, haz una reverencia gassho rei.


Como siempre decimos, los tiempos son orientativos. Son las sensaciones de nuestras manos las que nos dirán cuándo debemos cambiar de posición según la cantidad de energía que estemos canalizando hacia el paciente.


MUCOSIDAD

Otro síntoma muy relacionado con los catarros y resfriados es el exceso de mucosidad. Generalmente las personas que usan gafas son las primeras en darse cuenta de la acumulación de mocos en las fosas nasales porque “de repente” las gafas les aprietan, les hacen daño, o “no les entran”.

Al realizar la técnica anteriormente descrita (Genetsu-Ho), aplicamos Reiki sobre la frente y de esta manera cubrimos los senos y fosas nasales. Esto no va a hacer que los mocos desaparezcan mágicamente, pero sí que puede ayudar a fluidificarlos de forma natural y sin medicamentos químicos. Esto permite una mejor expulsión.

Si los mocos se encuentran localizados en los pulmones, entonces además de los pasos descritos anteriormente, realizaremos unas posiciones extra colocando las manos sobre la caja torácica para hacer llegar la Energía Sanadora Reiki a toda su extensión. Si el paciente es una mujer, las manos se colocan a unos centímetros del cuerpo, sin tocarlo, y siempre se la avisa por anticipado que vamos a colocar las manos en la zona de sus pechos para que no se asuste, ni se lleve una impresión equivocada.


Notas importantes:

1.- Para realizar esta técnica de Reiki es necesario haber recibido al menos la sintonización del Nivel I de Reiki (Shoden).

2.- La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa, y no sustituye a ningún tratamiento ni consejo médico. Si usted decide utilizar personalmente esta información, ya sea total o parcialmente, está en su derecho de hacerlo, pero los autores no pueden asumir responsabilidad alguna por sus actos.


3.- La fiebre es el síntoma de la respuesta de nuestro cuerpo a una infección, por lo que los autores recomiendan la visita al médico, que es quien debe estudiar y diagnosticar qué está ocurriendo. Si es una infección grave y necesita un tratamiento con antibióticos, Reiki puede ayudar a reducir los efectos secundarios de los mismo, pero nos los sustituye.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Mikao Usui


HISTORIA NOVELADA DEL DESCUBRIMIENTO DE REIKI

Hay momentos que cambian la vida de las personas, y casi nunca somos conscientes de cuando ocurre.

MIkao Usui. Descubridor de Reiki
Mikao Usui


        A finales del siglo XIX el doctor Mikao Usui era profesor en un seminario cristiano de Kioto. Un día uno de sus alumnos le preguntó:

- Doctor Usui usted nos ha enseñado las historias de la Biblia, los preceptos cristianos, no ha preparado para enfrentarnos al mundo y para predicar. Pero nunca nos ha enseñado cómo curar a los ciegos o a los lisiados como lo hizo Jesucristo. ¿Por qué? ¿Podría enseñarnos algún pasaje de la Biblia donde podamos aprender esto?

         El Dr. Usui, obligado por el código de honor japonés, le contestó:

- No puedo enseñarte cómo curar las enfermedades, pues ni siquiera yo sé hacerlo.
Conozco la Biblia, pero no sé de ningún lugar en el que se describa cómo curaba Cristo. Pero tu pregunta es muy buena y merece una respuesta. Voy a investigar sobre esto y a buscar esa respuesta.

         Y ése fue el momento que cambió su vida embarcándose en un viaje que le llevaría diez años de su vida y con el que acabaría poniendo las bases del Reiki tal y como hoy le entendemos.

Entonces el Dr. Usui empezó su investigación en la biblioteca del seminario donde impartía clases. Pasó muchas horas leyendo los libros que pensaba que podían darle la respuesta para su alumno. A la postre, después de pasar días sentado en aquellas duras sillas de biblioteca y de haberse dejado los ojos de tanto leer, adoptó aquella pregunta como suya propia y se propuso ampliar su investigación hasta encontrar la respuesta a cómo curaba Jesús.

         Según una versión de la historia, habló con otro maestro del seminario de Kioto sobre la pregunta de su alumno y de la frustración que le causaba no encontrar fuentes de información. Su amigo le sugirió viajar a Estados Unidos, el cristianismo llegó a Japón desde allí, para investigar en las bibliotecas de aquél país. Usui pensó que era una excelente idea y fue a Chicago.

Estudio en la universidad de esa ciudad durante varios años con los mejores maestros de religión, pasó muchas horas en la biblioteca estudiando el origen del cristianismo y aprendió muchas cosas, pero no encontró la respuesta.
        
         Un día le confió a un amigo su tremenda tristeza y él le dio una curiosa respuesta: “El budismo es más antiguo que el cristianismo. (Siddhata Gautama, Buda, vivió del 620 al 543 a.C.) Tal vez la práctica de la curación haya sido enseñada en algún momento de su historia. Si así fue, tal vez encuentres la respuesta investigando en los templos budistas de tu país”.

         El Dr. Usui analizó esta idea. Tras muchos años de estudio en Estados Unidos, aunque había aprendido mucho, no estaba más cerca de encontrar la respuesta que cuando su propio alumno le hizo la pregunta. Sus esfuerzos no habían dado resultado. Era hora de volver a casa.
        
Otra versión sostiene que Usui no estuvo en los Estados Unidos y que todo eso fue añadido posteriormente para dar más credibilidad al Reiki en el mundo occidental y así poder ser aceptado más fácilmente.

         Siguiendo la pista de las sanaciones de Buda, Usui viajó a la India y a Tíbet donde continuó con su búsqueda en monasterios budistas. Estudio los sutras indios, chinos y tibetanos. Los monjes le dijeron que el hombre tuvo la facultad de sanar el cuerpo en épocas pasadas, pero que ese conocimiento se había perdido porque en los monasterios se habían orientado sólo hacia la sanación espiritual, dejando de lado el cuerpo físico.

         Posteriormente volvió a Kioto y retomó la búsqueda. En esa ciudad nipona había diecisiete templos budistas y los visitó uno por uno haciendo siempre la misma pregunta:

- ¿Enseñáis vosotros a curar de la misma forma como lo hacían Buda y Cristo?
         En el último templo al que fue uno de los monjes con los que habló le dio una respuesta diferente a la de los demás:

- No, ya no.

         ¿Qué significaba eso?

- ¿Dices que ya no enseñáis a curar? ¿Quiere eso decir que en el pasado sí lo hacíais?

         El monje respondió:

- Sí, alguna vez lo hicimos, pero ya no, hemos perdido ese conocimiento.
        
         Muchos años habían pasado desde que el Dr. Usui comenzara su búsqueda y nadie le había dado nunca la más mínima pista. Y ahora, de pronto, tenía frente a él una ligera esperanza. “Si alguna vez esa curación fue posible, puede serlo de nuevo”, pensó. Solicitó entrar en dicho monasterio y pidió permiso para estudiar los libros y pergaminos de la biblioteca.

Los monjes le dieron la bienvenida invitándolo a unirse a la comunidad y estudiar cuanto quisiera.

         Inmediatamente Usui se fue a vivir al monasterio y su vida fue la de un monje más. El tiempo que no estaba en la biblioteca, lo pasaba meditando, rezando y ayunando. Pasaron los años, leyó todos los libros que estaban en japonés y en inglés, pero no podía entender los que estaban escritos en sánscrito. Finalmente decidió aprender ese idioma para poder terminar su investigación.

         Pronto empezó a entender palabras sueltas, luego frases y oraciones. Paulatinamente los pergaminos empezaron a revelar sus secretos. Mucho le resultaba conocido por haberlo leído en japonés o en inglés. Un día se topó con un pergamino que describía un proceso de curación que no se parecía en nada a cuanto había encontrado hasta ese momento.

Escritos en sánscrito, en tinta ya borrosa y sobre un pergamino excesivamente frágil, ciertos pasajes describían cómo llamar a Dios, la fuerza vital universal, para curar a través de las manos humanas. Estos rituales utilizaban símbolos, hermosos, simples y primitivos, parecidos a los que los hombres habían pintado en las paredes de las cuevas milenios antes, otros eran más modernos, elegantes y complejos, derivados del chino y del japonés, que tal vez fueran registrados por el último monje budista que aprendió de un maestro los secretos de este método de curación.

         El Dr. Usui se dio cuenta de lo que había descubierto, la respuesta a la pregunta, el método de curación que utilizó Jesucristo para curar a los ciegos y sanar a los enfermos, el mismo método que Buda ya había utilizado anteriormente para curar, y tal vez también otros maestros cuyos nombres no llegaron a la posteridad.

Era una enseñanza sagrada de gran importancia e inmenso valor para el mundo. ¿Debía entregársele al mundo “civilizado” este conocimiento al mismo tiempo que ese mundo estaba olvidando los valores espirituales? ¿Acaso esa enseñanza había sido olvidada porque el mundo ya no la merecía y debía permanecer en la oscuridad en la repisa de la biblioteca de un monasterio?

Usui sabía que hay un tiempo para cada cosa, si había descubierto esos pergaminos perdidos, tal vez se debiera a que había llegado el momento para que el mundo fuese curado. Pero Usui no se sintió capacitado para tomar una decisión tan importante él solo.

         Fue a pedir ayuda al abad del monasterio y le explicó lo que había encontrado. El abad se mostró complacido con el descubrimiento, pero compartió con Usui sus dudas sobre si había que revelarlo al mundo. Necesitaban la ayuda divina. Ambos decidieron meditar, ayunar y rezar esa noche y volver a encontrarse a la mañana siguiente.

         Se reunieron al amanecer. El abad le sugirió a Usui que realizara una peregrinación a la montaña sagrada, el monte Kurama, que meditara, ayunara y rezara durante veinte días pidiendo a Dios una visión. Sólo mediante esa visión, tendría Usui la certeza de si debía revelar o no el conocimiento recién descubierto.
Aquella misma mañana Usui se marchó a la montaña dejando indicado a un muchacho que atendía el monasterio. “Voy al monte Kurama a meditar, ayunar y rezar durante veinte días. Si por la noche del día veintiuno no he vuelto, di a alguien que vaya a buscar mis huesos, pues seguramente estaré muerto”.

El niño asintió con la cabeza, y el doctor empezó su camino, tras largo tiempo llegó al pie de la montaña y empezó a subir. Tras largos esfuerzos llegó a la cima.

         Busco 21 piedras y las amontonó junto a él. Se sentó en el suelo duro y frío y comenzó su meditación, ayuno y oraciones. Día tras día permaneció sentado y sin moverse, excepto para separar una piedra del montón cada mañana. Así llevaba la cuenta de los días que le quedaban por estar ahí.

Llegó un momento en el que sólo le quedaban unas pocas piedras. Débil por el hambre y entumecido por la falta de movimiento al pasar tanto tiempo sentado en la misma posición, incluso las pequeñas piedras le parecían pesadas. Dudó de que tuviera una visión. Pensó que seguramente iba a morir.

         Finalmente, justo antes del amanecer del día veintiuno quitó la última piedra, su mano temblaba por el esfuerzo. No había tenido ninguna visión, y se preguntaba si podría ser capaz de hacer el viaje de vuelta al monasterio. Intentó enfocar su mirada hacia el horizonte cuando el sol empezaba a levantarse. El primer rayo de sol le golpeó como una luz dorada. El golpe fue tan fuerte que cayó de espaldas y sus ojos quedaron cegados por la luz, pero incluso con los ojos cerrados podía seguir viéndola.

         Demasiado débil para moverse y sin poder protegerse de la luz, se rindió ante su poder… y entonces le llegó la visión. Comenzó a ver una intensa luz brillante flotando hacia él, hecha de centenares de burbujas de luz, de la misma forma que un río está hecho de millones de gotas de agua. Cada una de las burbujas de luz tenía los colores del arco iris y todas resplandecían con su iridiscencia.
Se dirigieron hacia él, y en cada de ellas pudo leer lo que estaba escrito en los pergaminos en sánscrito. Y vio los símbolos de Reiki en ellas. Al comprender lo que estaba viendo, las burbujas se volvieron de nuevo de un color dorado brillante y después blanco, para finalmente estallar vertiendo su energía en él. Una y otra vez las burbujas fluían hacia él, hasta que el flujo disminuyó y luego suavemente cesó.

Con cada símbolo recibió la información sobre la forma de usarlos para activar la Energía Universal sanadora. Así tuvo lugar la primera sintonización Reiki, que fue la de Mikao Usui, al que de esta manera le fueron revelados los métodos de esta técnica ancestral.

         El Dr. Usui abrió los ojos y vio el brillante sol del mediodía. Se levantó del suelo lleno de fuerza y felicidad. Había sido bendecido con una visión, y se sentía fuerte y revitalizado. Éste fue la primera curación, para algunos milagro, atribuida al Reiki, se sintió de pronto bien y su debilidad desapareció, después de haber estado veintiún días en ayuno y meditación. El Dr. Usui había alcanzado el estado de Satori.

         Ansioso por compartir la experiencia de su visión y comenzar a trabajar en la enseñanza de este antiguo método de curación, bajó corriendo de la montaña, algo nada aconsejable. Al cabo de unos minutos se hirió un dedo del pie con una piedra del camino arrancándose de paso la uña del mismo, lo que hizo que brotara sangre.

Hizo lo mismo que cualquier otra persona haría, cogerse el dedo herido con la mano. Pronto se dio cuenta de que el dolor estaba remitiendo, un momento después había desaparecido y la sangre había dejado de brotar. El dedo estaba curado. Éste es la segunda curación atribuida al Reiki.

         Continuó bajando de la montaña, ahora ya con más precauciones. Al cabo de un rato de ejercicio, su cuerpo empezó a pedir alimento después de tanto tiempo de ayuno forzado, y decidió buscar un sitio donde poder comer. Miró alrededor y vio un banco con un trapo rojo, lo cual es una señal de hospitalidad para los viajeros en Japón, así que decidió sentarse y esperar.
Al poco tiempo apareció una niña preguntándole si tenía hambre. Era bonita, pero tenía cara hinchada y deformada, envuelta en un pañuelo.

El Dr. Usui le dijo:

- Me haría muy feliz un poco de comida, pero primero dime, ¿por qué llevas ese pañuelo en la cara? ¿Estás bien?

- Me duelen mucho las muelas. Kioto está muy lejos y mi padre no puede pagar un dentista.

- ¿Puedo ver dónde te duele? ¿Puedo tocar?

La niña señaló la zona donde se localizaba el dolor. El Dr. Usui amablemente puso su mano sobre ese punto.

Al cabo de un momento la niña dijo:

- Su mano está muy caliente, señor - y cerró los ojos disfrutando de la suave sensación que le proporcionaba aquel calor radiante. De pronto los volvió a abrir sorprendida. ¡El dolor había desaparecido!

El Dr. Usui sonrió y retiró su mano lentamente.

-¡Mi dolor de muelas ha desaparecido, esto tiene que saberlo mi padre, venga conmigo, buen monje, venga!

         El alivio del dolor de muelas de esta niña es la tercera curación atribuida al Reiki. La cuarta curación sucedió cuando el Dr. Usui se sentó a comer con aquella gente y le sirvieron una comida picante y especiada. Después de un ayuno prolongado el cuerpo humano no está preparado para ingerir grandes cantidades de comida, y desde luego menos aún picantes y especias. Sin embargo, el Dr. Usui pudo comerla sin problemas y se sintió fuerte. No se había debilitado en absoluto.

         Después de comer se despidió de la niña y de su padre y continuó su largo viaje de regreso al monasterio en Kioto. Se sentía lleno de salud, y empezó a pensar cómo podía llevar esa saludable energía a todas las personas. ¿Debía vagabundear confiando en que sus pasos serían guiados hacia quienes más necesitaran de esta energía? ¿O debía establecer en un lugar fijo y esperar a que la gente fuera a él?

         Cuando finalmente llegó al monasterio estaba ansioso por hablar con su abad, contarle su visión y pedirle consejo. Vio al muchacho que atendía el monasterio y le dijo: “no hay necesidad de que mandes a nadie a por mis huesos, estoy bien”. El niño se fue corriendo a dar la noticia. Un monje salió del monasterio para darle la bienvenida. Usui le agradeció sus palabras y le preguntó si podía ver al abad. El monje le respondió que el abad estaba indispuesto; en ese momento estaba con los pies en agua caliente intentando aliviar los dolores de la artritis.

         El Dr. Usui pidió que lo llevaran con él. Una vez en el cuartito de la parte trasera del monasterio donde estaba el abad, el doctor se inclinó para saludarlo y se sentó a su lado. Le pidió permiso para poner las manos sobre sus doloridos pies y hablarle.

La energía curativa funcionó suavemente mientras ellos hablaban. Se pasaron horas conversando y reflexionando sobre la responsabilidad encomendada.

Finalmente, el abad le dio las gracias por haberlo curado y le sugirió que pasaran la noche rezando y meditando. A la mañana siguiente continuarían su conversación.

         Y así fue como a la postre, decidieron que el Dr. Usui comenzaría a dar al mundo la energía del Reiki en una zona de Kioto que parecía necesitar de mucha curación: la ciudad de los mendigos. La ciudad de los mendigos de Kioto era como una zona de la ciudad de Nueva York gobernada por la mafia. Todo el que trabajaba en esa área era obligado a pagarle “protección” al rey de los mendigos. Viniendo de un monasterio, Usui no tenía una idea muy clara de dónde se iba a meter.

         Tan pronto como entró en la ciudad de los mendigos, fue abordado por dos de ellos.

- Danos el dinero -dijo uno.
- Danos tu ropa -dijo el otro.
- No tengo nada que daros, y no tengo más ropa que la que llevo puesta. No tengo nada para vosotros. - Los mendigos fruncieron el ceño y uno de ellos se abalanzó sobre él.- Pero traigo un regalo para el rey de los mendigos-dijo el Dr. Usui.
- ¿Qué regalo? ¡Dánoslo a nosotros!
- No, sólo se lo puedo dar a él. Estoy seguro de que le gustará y, tal vez, incluso os recompense por llevarme ante él.

Los dos mendigos lo discutieron entre ellos durante un momento y finalmente decidieron llevar a Usui hasta el rey de los mendigos. Cuando por fin llegaron a su presencia le quitaron la venda que le habían puesto en los ojos.

- Entiendo que traes algo para mí -dijo el rey de los mendigos.
- Traigo un regalo para ti y para todos los mendigos: el poder de la curación.
- ¿Cómo? ¡Ése no es el tipo de regalo que yo esperaba! ¿Para qué nos sirve eso a mí o a los mendigos?
- Es un regalo que te dará sentirte fuerte y bien.

         El rey pensó que nunca hubiera llegado a ser rey de los mendigos sin contar con salud y ser lo suficientemente astuto.

- No le veo ninguna utilidad para mí, pero tal vez a los mendigos les guste; puedes trabajar en la ciudad de los mendigos bajo mi protección.
- Gracias -repuso Usui.
- Pero no debes andar así vestido. –replicó el rey- Si vas a vivir entre los mendigos, debes vestir como un mendigo.
- Me vestiré como mendigo, pero no voy a mendigar. Mi trabajo es curar. ¿Me darás tú de comer?

         El rey se mesó la barba y repuso:
- Podrás quedarte con las sobras de mi mesa. Eso te bastará.
- Entonces voy a comenzar con mi trabajo –dijo el Dr. Usui.

         Y así fue cómo empezó a dar tratamiento a los mendigos. Día tras día anduvo entre ellos ofreciendo curación allí donde hubiera dolor. Todos los mendigos que tocaba sintieron el poder de aquella energía de sanación. Pronto fueron muchos los que lo buscaban cada día. Y así los días se convirtieron en semanas, y éstas en años. Los mendigos comenzaron a sentirse bien y algunos de ellos incluso abandonaron la ciudad de los mendigos, aunque la población de la ciudad nunca bajaba porque siempre llegaban mendigos nuevos.

         Un día fue a ver a Usui un mendigo cuyo rostro le parecía conocido, por lo que le preguntó mientras ponía sus manos sobre los sucios harapos:

- ¿Nos conocemos ya?
- Oh, sí, Dr. Usui, claro que me conoce. Yo soy uno de los primeros mendigos que usted curó.
- ¿Por qué has vuelto aquí? –le preguntó Usui-. Te curé para que te pudieras marchar de la ciudad de los mendigos e iniciaras una nueva vida. ¿Lo hiciste?
- Sí, lo hice –respondió el mendigo-, pero tener que trabajar todo el día para poder vivir y llegar a casa cansado por la noche y tener que ponerme entonces a prepararme la comida y así un día tras otro es muy pesado. Eso no es para mí. Es mucho más fácil ser mendigo.

         El Dr. Usui levantó entonces las manos y se alejó del mendigo. Se sintió muy triste y desilusionado. Al analizar las razones de este desinterés en volver a integrarse en la sociedad, comprendió que solamente había curado el cuerpo físico, pero no la parte espiritual, ya que no había conseguido enseñarles la gratitud y el sentido de responsabilidad de su propia existencia.

De esta manera Usui tomó conciencia de la importancia del intercambio de energía y llegó a la conclusión de que todo acto recibido exige una contrapartida del receptor que otorgue valor a lo recibido.

Nunca más ofrecería la energía curativa de forma gratuita. Todo aquél que la recibiera debería valorarla. Decidió dejar de trabajar en la ciudad de los mendigos.

         Y se alejó del sorprendido mendigo y de todos los demás mendigos que lo miraban boquiabiertos y abandonó la ciudad de los mendigos para nunca más volver a ella. Luego se dirigió al centro de Kioto y se detuvo en una esquina, manteniendo alzada una enorme antorcha, cuya silueta se dibujaba contra el cielo del mediodía. Y gritando se dirigió a la multitud que pasaba:

- ¡Quien quiera ser curado y sentirse bien, y esté dispuesto a pagar por ello, que venga a mí!

         Estaba dispuesto a curar a todo aquél que valorara la curación que recibía. Aunque parecía un loco, con su flamante antorcha sostenido en lo alto como para tocar el sol, la gente escuchó su mensaje y fue a él. Mucha gente fue a él y todos fueron curados y se sintieron contentos de pagarle por su trabajo y lo valoraron, agradecidos de poder seguir con sus vidas sin dolores.